martes, 30 de mayo de 2017

El caballo de Turín
















Sobre la nada, todo en Béla Tarr.
Una enzima sin control en Via San Carlo:
nuestro hermano el caballo,
nuestras hermanos los gusanos,
un golpe de luz posthumana,
un viento duro,
un siroco en tierras del norte.
Polvo que todo lo inicia y todo lo borra.
"Mamá, soy tonto".
¿Eso dice?
Sí, eso dice.
No está mal, después de todo,
después de nada.

Pocos gestos son la herencia:
calentar agua,
abrochar un botón.
La ideología de abrochar un botón,
la otra, la de las ideas, nos está matando.
"Tocar y por tanto arruinar
y de este modo conseguir",
dice.

La única verdad es una patata,
una patata caliente,
esa es la herencia,
una patata caliente para comer en silencio,
en silencio y a oscuras
con el eco de las tonterías de siempre.

Recuerdo un kindergarten salvaje,
cuando los gitanos gritaban:
"¡El agua es nuestra,
la tierra es nuestra!
¡Ven con nosotros a América!".

Pero esto fue sagrado,
aquí estuvo el Señor.

"Ya está",
hasta las brasas se han apagado.